••Narra Erika••
―¿No vas a gritarme? ―hablé en voz baja.
Se limitó a observarme con gesto acusador. No dijo ni una palabra, sin embargo, sus ojos delataban sus pensamientos: “mujer estúpida”.
Me dio la espalda y se quitó la camisa, exponiendo los músculos bien formados de su espada.
―No me arrepiento de lo que hice, lo volvería hacer ―hablé en voz alta, pero la convicción se rompió a mitad de la oración.
Los oídos aún me dolían. En mi mente sigue presente el zumbido de la escopeta. Juro