Capítulo 111: Salvaje en el comedor.
―Muy bien, Erika. Ya es suficiente. Tu faceta celosa dejó de excitarme, así que sal ―habló con convicción.
¿Estaba excitado? Qué hombre más vulgar.
―No tengo hambre ―dije, acompañado de un rugido de tripa que no escuchó, por suerte.
―¿Sabes qué esta es mi casa? Poseo las llaves de cada habitación. La única razón por la que sigues allí adentro es porque te he dejado comportarte como una niñata. Pero no más. Tienes media hora antes que abra la puerta ―habló con seriedad.
Una vez que se fue