Capitulo 5

Capítulo 5

Mara:

—¿Tenías que ser tan grosera con Ana Mar? Te recuerdo que esa chica le ha generado muchos ingresos a la empresa.

Las palabras de Stefan fueron como un puñal en medio de mi pecho. El muy canalla incluso trataba de defenderla. Cada segundo que transcurría me daba más cuenta de que Lucio tenía razón. En lugar de confrontarlo debía planear mi venganza.

Hacía unos minutos que acabábamos de llegar del evento. En el trayecto a casa Stefan estuvo tan callado que llegué a pensar que no sacaría el tema, pero ahí estaba.

—¿Me estás escuchando? —insistió mientras se quitaba la camisa y la dejaba encima de la cama.

—Ana Mar lo único que quiere es el dinero…

—¿No es en realidad eso lo que queremos todos?

Lo miré a través del espejo. Me estaba quitando el maquillaje como excusa para evitarlo.

—No, hay cosas más importantes que eso.

—Eso lo dices tú porque lo tienes —resopló—. En este mundo todos lo aman.

Sonreí con tristeza.

—Lo sé, hay quien incluso se casa por dinero y no por amor.

—Eso no es conmigo, ¿verdad? —caminó hacia mí y me dió un beso en el cuello—. Te he demostrado con creces que te amo.

Me giré para verlo a los ojos.

—¿Eso es verdad? ¿Me amas?

—Sí, claro que te amo. Si no te amara no estuviera aquí contigo, no nos estaríamos a punto de casar.

Pero eso lo haces por la empresa —pensé—, no por amor.

—Hay algo que te quería comentar —tragué en seco sabiendo que estaba pisando terrenos delicados—. Además de volver a la empresa, quiero retomar mi carrera como modelo. Quiero ser nuevamente la imagen de la empresa.

Stefan alzó las cejas, sorprendido. Dio un paso hacia atrás con evidente incomodidad. Generalmente cuando se molestaba su cara lo delataba con sus cejas que se volvían casi una sola.

—Esto tiene que ser una broma, ¿no?

Negué con la cabeza.

—Estuve antes que Ana Mar, fui yo quien se ganó ese puesto.

—Pero lo dejaste. —espetó como si lo hubiera hecho por puro capricho.

Solté la esponja que tenía en la mano y me incorporé para estar a su altura.

—Sabes bien por qué lo hice. Sabías desde un comienzo que este día podía llegar en cualquier momento.

Desvió la mirada y caminó hacia la cama para sentarse.

—No te veo en condiciones para hacer algo así.

Regresé la mirada al espejo.

—Modelé, me viste, viste lo que causé en esa pasarela. La gente me amó…

—La gente… —siguió diciendo en tono seco—. La gente vive de la nostalgia por lo que un día fuiste, por todo lo que lograste, por todas esas bocas que cerraste cuando pensaban que estabas donde estabas por ser hija del gran Julio Montés.

—¿Dices que ya no soy hermosa, que ya no sirvo como modelo?

—No pongas en mi boca palabras que no he dicho.

Ahora sí me molesté, sentía que la cara me ardía, que todo a mi alrededor estaba en llamas.

—Dices que Ana Mar es mejor que yo, ¿verdad? Por eso te estás acostando con ella a mis espaldas, por eso es tu amante.

Stefan palideció. Abrió y cerró la boca sin emitir palabra alguna. Lo había tomado desprevenido.

—¿Quién te dijo una calumnia como esa? —preguntó por fin.

Negué con la cabeza sintiendo como dos lágrimas se formaban en mis ojos y como un dolor en el pecho se hacía presente.

—No hizo falta que me lo dijeran. Lo vi con mis propios ojos. Ni siquiera fuiste capaz de esperar a estar en un hotel… Fuiste tan imbécil que te la follaste en un baño público.

Dio un paso hacia mí y yo aumenté la distancia entre ambos. Acababa de meter la pata. Había olvidado por completo las indicaciones de Lucio.

—Mara, las cosas no fueron así. Es cierto que me acosté con ella pero eso no significó nada para mí. Solo fue sexo.

Me eché a reír. Aquello era increíble.

—Solo fue sexo. Eso quiere decir que puedo salir ahí fuera cuando me dé la gana y acostarme con otro hombre. Al final del día solo será sexo, ¿no?

—Mara, no digas estupideces. Eso es muy diferente.

—¿Diferente por qué? —espeté—. ¿Porque tú eres hombre y yo mujer? ¿Por eso?

—Te juro que no volverá a pasar, que esa será la última vez.

Caminé hacia la entrada de la habitación, abrí la puerta y señalé el umbral.

—Esta mujer que tienes delante es la dueña de esta casa. Sal de aquí.

—¿Qué? Es pasada la medianoche, no tengo a dónde ir ahora.

—No me importa, si eres tan hombre sal y duerme en la calle… o en casa de Ana Mar.

—Deja al menos ponerme algo.

—¡Largo o te juro que llamaré a la policía!

Caminó hacia la cama, recogió sus zapatos, su camisa y salió no sin antes decirme:

—Esto fue un error. Que no se te olvide todo lo que hice por ti, todo lo que vivimos juntos. Me voy ahora porque sé que estás molesta, pero tenemos que hablar. Esto tan lindo que tenemos no puede acabar por un simple desliz con una ramera como Ana Mar…

No dejé que terminara. Corrí hacia la puerta y la lancé con fuerza prácticamente en sus narices.

—¡Vete de aquí! —le grité—. ¡Vete de una maldita vez!

Me recosté de la puerta y me fui deslizando hacia el suelo con lentitud. Cuando estuve sentada oculté el rostro entre las piernas encogidas y comencé a llorar. Lloré por mi padre que se había ido, por mi madre que estaba enferma y por la traición que acababa de sufrir. Todos los pensamientos tristes habidos y por haber acudieron a mí en ese momento. Me sentía rota, destruida. Ni siquiera tenía a mi madre consciente de quién yo era para que me diera un abrazo. Me sentía más sola que nunca en la inmensidad de aquella casa. En ese momento lo tenía más claro que nunca. Stefan se equivocaba, había cosas más importantes que el dinero. Si fuera por mí habría dado todo, incluida la empresa y todos mis bienes si con eso podía devolver a la vida a mi padre.

Cuando recuperé el aliento me arrastré hasta mi celular y le envié un mensaje de texto a Lucio. No sabía por qué pero sentía que le debía una explicación.

Mara: No lo soporté. Eché a Stefan de casa. Sabe que sé lo que tiene con Ana Mar.

No respondió de inmediato. Supuse que estaría molesto porque no había seguido su plan. No lo culpaba, aún así era mi vida, podía hacer lo que yo quisiera. La afectada en todo caso sería yo.

Estaba quedándome dormida en la cama cuando recibí una respuesta que me aceleró el corazón de inmediato.

Lucio: Tranquila, estoy llegando a tu casa. Tenemos que hablar.

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