Capitulo 6

Capítulo 6

Mara:

Mis ojos iban de la puerta al mensaje que me envió Lucio. No entendía qué quería conmigo a esa hora de la noche. Lo peor de todo fue que le pregunté para qué quería venir y me ignoró por completo.

Y sí, estaba nerviosa. Tampoco era como que iba a estar completamente sola con él. En casa estaban los empleados y mi madre. Pero aún así aquella situación no era la más normal del mundo. De la nada todo estaba siendo muy surrealista. Aquel hombre había llegado para poner mi realidad patas arribas. Si no me hubiera mandado aquel vídeo ahora yo estaría durmiendo con Stefan inocente de todo. Creo que solo por eso lo iba a dejar pasar. Se lo debía.

Cuando el timbre sonó me fue imposible no sobresaltarme y mirarme en la cámara de mi iPhone. Estaba terrible. Se notaba que había estado llorando, mis ojos estaban hinchados y tenía la nariz roja. La bata de seda que llevaba puesta tampoco era el mejor atuendo para recibir visitas. Aún así, tras acomodarme el pelo con las manos, caminé hasta la puerta y la abrí por mí misma. A esa hora los empleados ya estaban durmiendo.

—¿Le dijiste que yo te di el vídeo? —esas fueron sus primeras palabras. Fueron tan repentinas que se sintieron como un balde de agua fría. Esperaba que fuera más empático con lo sucedido.

—Eso es lo que te importa, ¿verdad? Que Stefan no se entere de tu traición.

Enarcó una ceja. Sus ojos brillaron.

—¿Te gustaría lo contrario? ¿Que en realidad seas tú la que me importa?

Me crucé de brazos incómoda. Acababa de notar que su mirada se detenía unos segundos en mi escote.

—¿Qué quieres decir con eso? —pregunté.

—Venga ya, no te hagas la inocente. Noto lo nerviosa que te pones cuando estoy contigo.

Suspiré tratando de llenarme de paciencia. Ya había tenido suficientes emociones por un día. Necesitaba cerrar los ojos y tratar de dormir.

—¿Qué haces aquí?

Miró a nuestro alrededor.

—¿Aquí? Esperando a que me invites a pasar. Estoy cansado de estar de pie, pero descuida, soy un caballero, estaría dispuesto a aguantar cualquier cosa por la simple compañía de una dulce dama como tú.

Apreté los labios pero terminé apartándome para dejarlo pasar.

—Siéntate ahí.

Tras sentarse en el sillón y yo en el sofá, se produjo un silencio incómodo.

—¿No me brindarás algo de beber? —preguntó.

Entrecerré los ojos. Estaba acabando con mi paciencia.

—Es tarde, dime de una maldita vez qué quieres a esta hora o me veré obligada a echarte de casa.

Se revolvió en el sillón visiblemente incómodo. Me llamó la atención que aún iba en traje y corbata. Supuse que tras vernos en la fiesta se había ido a algún bar. Quizás incluso había estado con alguna mujer mientras yo discutía con Stefan. No entendí por qué pensar en eso último me incomodó tanto.

—Hay algo que no sabes —empezó a decir tras aclarar su garganta—, algo muy turbio que vengo investigando desde hace unos meses cuando decidí volver, pero antes de decir nada debo saber primero cómo estás tú.

Negué con la cabeza sin poderme creer lo que estaba escuchando.

—Me dices ahora que te preocupas por mí.

—Sí, aunque no lo creas estoy aquí porque me preocupó que estuvieras sola después de la discusión con Stefan.

—Perfecto, entonces te tengo que dar las gracias, ¿no? No me creas ingenua. Lo único turbio que veo en esta historia es tu repentina aparición. Todo iba bien hasta que llegaste.

Él frunció el ceño incómodo.

—¿Dices que preferías no saber nada?

Mis lágrimas incontrolables salieron a la luz. Había aguantado suficiente.

—No lo sé. Hace unos días solo me preocupaba mi madre y ahora estoy aquí llorando por la traición de mi prometido, temiendo que por estúpida, intente quitarme la empresa.

—Eso no va a pasar.

Lo miré buscando en sus ojos verdes el color de la verdad.

—¿Cómo lo sabes?

Tras unos segundos observándome se metió la mano en el saco, sacó un documento y me lo tendió.

—Tengo una propuesta para ti.

Miré el documento, después regresé la mirada intrigada. Me limpié las lágrimas mientras sorbía por la nariz.

—¿Qué propuesta es esa?

—Si firmas este documento te devolveré la empresa y haré que Stefan pague todo el mal que te ha hecho…

Fruncí el ceño sin entender.

—No creo que esto sea para tanto…

—Mara —dudó unos segundos en si continuar o no—. Hay algo que deberías saber. Tengo sospechas de que el accidente donde tu padre perdió la vida fue provocado por Stefan.

Me incorporé de golpe sin poderme creer lo que acababa de escuchar.

—No —le dije negando con la cabeza repetidas veces—. No, eso no puede ser.

—Mi hermano no era nadie en tu vida —siguió diciendo ignorando mis palabras—. Ni siquiera lo conocías y de la nada se aparecía por todas partes, ¿te acuerdas? Todo fue un plan suyo. En cuanto estuvo contigo planeó lo de tu padre para así que estuvieras vulnerable y atacarte donde quería, tomando la empresa como suya…

—¡Vasta! —grité llorando—. No puedes decir estas cosas así como así. No puedes llegar y hablar de mi padre como si no… como si no fuera nada. No lo conociste.

Él se incorporó e intentó recortar la distancia.

—Mara, escúchame… —me intentó tocar y le di un manotazo—. Piensa un poco. La policía nunca supo a dónde se dirigía tu padre esa noche. Estaba con tu madre, recibió un mensaje, se incorporó, tomó su auto, cruzó la ciudad y tuvo el accidente. ¿Pero por qué? ¿A dónde iba y por qué su celular desapareció?

—Calla por favor, esto es una locura. La policía cerró el caso… el celular seguro se cayó en alguna parte…

—O lo robaron para que no hubieran pruebas. —concluyó.

En el fondo sabía que tenía razón. Por mucho tiempo me hice aquellas preguntas una y otra vez, al no encontrar respuestas decidí sepultarlas.

—Te ayudaré a esclarecer el misterio —siguió diciendo—. Te diré quién le envió ese mensaje a tu padre…

—¿A cambio de qué? —lo interrumpí—. ¿Qué quieres de mí?

Él señaló el documento con el mentón mientras se peinaba el cabello casi rubio hacia atrás.

—Mara Montés, si te casas conmigo y me vuelves tu mano derecha en la empresa, haré cualquier cosa que me pidas, incluso ayudarte a vengarte de mi propio hermano.

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