Capitulo 4

Capítulo 4

Mara:

Mientras caminaba por aquella imponente pasarela pensaba en la primera vez que modelé para un público como aquel, en lo nerviosa que estaba, en el miedo que tenía de dar un paso en falso y caerme. Recordé también las palabras de mi padre antes de salir a la pasarela:

«Nunca permitas que tu luz se apague, brilla siempre como el primer día. Demuéstrales a todos por qué eres diferente, por qué resaltas de entre un grupo de modelos, por qué mereces una oportunidad»

Y eso hice. Me olvidé por unos segundos de Stefan, de la mujer que estaba a su lado, de todos los reporteros y de aquel fideicomiso. En ese momento era Mara, la mujer que amaba modelar, que vivía por y para eso, la misma mujer que años atrás habría dado todo por ser una modelo reconocida. La tragedia de perder a mi padre había puesto en pausa mi destino, incluso Stefan había colaborado en ello, ahora me daba cuenta. Mientras caminaba sintiendo cada paso como si fuera un nuevo logro, a mi cabeza llegaron las palabras de Lucio:

«(…)Quiero que ganes esta guerra, quiero que retomes el lugar que te pertenece. Y, sobre todo, quiero que abras los ojos de una vez y veas por fin el verdadero rostro del hombre con el que estás a punto de casarte(...)»

Me reprendí mentalmente por haber pensado en él. Si bien le seguiría la corriente, no permitiría que hablara más conmigo. No entendía sus intenciones. Me daba mal presentimiento su actitud tan despreocupada. Además, si estaba traicionando a su propio hermano, podía perfectamente traicionarme a mí.

Al llegar al final de la pasarela estiré la mano hacia una chica que sostenía un micrófono. Ella captó el mensaje de inmediato. Cuando lo tuve en mi mano derecha pasé la mirada por todos a mi alrededor antes de comenzar a hablar:

—Hace tiempo que no modelaba. Todos aquí saben por qué lo dejé, por qué me alejé de los medios, por qué pausé mi carrera como modelo y mi trabajo como empresaria. Hoy, estando en el sofá de casa viendo este evento, me di cuenta de que estaba cometiendo un error. Por mucho que me aleje de este mundo, nunca alejaré de mi corazón el dolor que siento por haber perdido a mi padre. Contrario a eso, estando dentro de este mundo, siendo parte del universo que él ayudó a crear, formando parte de la dirección de Modalvo, estaré perpetrando de alguna forma el legado de papá. Creo que se lo debo. Por eso me presenté hoy aquí de forma sorpresiva. Ni siquiera Stefan, mi prometido y actual director de la empresa, tenía conocimiento de esto —busqué su mirada y la sostuve por unos segundos. Estaba completamente serio—. Fue justo en su discurso que encontré la motivación que necesitaba para regresar. Así que sí, Mara Montés está de vuelta y esta vez será de forma definitiva.

Una ovación del público me acogió de inmediato. Todos se pusieron de pie aplaudiendo. Las cámaras seguían emitiendo flashes mientras los periodistas me tomaban fotos y hacían preguntas que ignoré por completo.

Cuando bajé del escenario fui recibida por mis antiguos compañeros de trabajo, por diseñadores viejos conocidos y otras personas que no recordaba. Todos parecían felices. El último en acercarse fue Lucio. Me dió un beso en la mejilla, me guiñó un ojo y antes de alejarse me susurró al oído:

—Lo hiciste muy bien.

Stefan se detuvo frente a mí. Antes de decir cualquier cosa miró en la dirección por la que había desaparecido su hermano.

—¿Qué hace Lucio aquí? ¿Desde cuándo lo conoces?

Me encogí de hombros intentando aparentar indiferencia. La imagen de Ana Mar y él en el baño me vino a la mente retorciendo mi estómago. Lo último que quería era hablar con él en ese momento.

—No lo conozco. Ni siquiera se presentó. Solo me felicitó por mi regreso. Estoy tan sorprendida como tú de que esté aquí…

Stefan tiró del nudo de su corbata visiblemente incómodo. No supe si por ver a su hermano en el evento, por lo que acababa de ocurrir o por las dos cosas.

—¿Por qué no me dijiste que querías volver a trabajar?

Su tono era neutro. Imaginé que se estaba controlando porque estábamos en público. Más de una mirada estaba fija en nosotros.

—Era una sorpresa. —mentí sintiendo cómo el deseo de gritarle sus verdades se apretaban en mi garganta con ganas de salir.

Abrió la boca con intención de decir algo pero sus palabras quedaron sepultadas ante la presencia de alguien a mis espaldas. Seguí su mirada un poco tensa y me encontré con Ana Mar, su amante. En otras circunstancias seguro habría ignorado la forma en la que ambos se miraron, fue solo una milésima de segundo, aún así lo noté. Ella llevaba el cabello recogido en un moño sumamente perfecto e iba luciendo un vestido blanco de Bigmax, una empresa de moda muy reconocida a nivel mundial. Imaginé que se lo había comprado Stefan. Con su salario de modelo nunca podría pagar algo así.

—Querida, qué alegría me dió verte en la pasarela —me dijo con evidente hipocresía—. Justo hoy se lo estaba comentando a Stefan. Estos eventos ya no eran lo mismo sin ti.

Forcé una sonrisa tratando de contenerme.

—Exacto, por eso estoy de vuelta. De hecho, cuando llegué hace un rato los vi a ustedes dos. Estaban tan concentrados en la conversación que pasaron por alto mi presencia.

La chica soltó una carcajada con evidente falsedad.

—Dicen que eso sucede cuando la conversación es buena.

Stefan se aclaró la garganta.

—¿Quieren algo de beber?

—Claro —lo ignoré y seguí hablando con ella—. Como eras la imagen de la empresa… supongo que tenías muchas cosas de las que hablar con el director de tu empresa.

La chica palideció ante mis palabras.

—¿Era? —preguntó pero en lugar de dirigirse a mí lo hizo con Stefan—. ¿Ya no lo soy?

Yo me encogí de hombros disfrutando el momento.

—No lo sé, querida, muchas cosas van a cambiar en la empresa de ahora en adelante.

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