Rosi se encontró con Galeano en la oscuridad de la cocina, y su corazón dio un vuelco. Galeano, sorprendido pero emocionado al mismo tiempo, aprovechó la oportunidad para hablar con ella a solas.
— ¿Qué haces aquí, Galeano?
— ¡Rosi! Qué casualidad, ¿verdad? Vine por un vaso de agua, pero no encuentro los interruptores de luz.
— Están justo aquí.
— ¡No los enciendas!
— ¿Qué estás tramando, Galeano? ¡Suéltame! Nos pueden ver.
— Por favor, Rosi, no te vayas. Necesitamos hablar. ¿Cómo pudiste