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Enzo.
Abro los ojos y contemplo su rostro detenidamente, con una sonrisa en mis labios. Sé que ella es mi luna, mi Ana, y que nunca volveremos a perdernos de vista. Mi corazón late con fuerza y finalmente me atrevo a confesar mis sentimientos:
—Te amo, Ana— le digo con una voz suave pero firme. Cierro los ojos y me dejo llevar por la sensación de paz que me invade cuando estoy con ella.
Mientras cierro los ojos, los recuerdos de mi pasado inundan cada rincón de mi mente.