La paranoia fue más fuerte en mi y por eso no pude evitar salir casi corriendo hacia afuera para saber de quien era la sangre, intento ver a mis padres desde la entrada de mi casa, pero no lograba ubicarlos desde mi punto de vista.
—¿Papá, mamá?. —grité llamándolos pero no respondían. —¡Papá!.. ¡Dios.. que susto me dieron!. —dije al ver que por fin los puedo ver. —¿De quién era esa sangre?.
—Por suerte no era de tu novio el perro. —dijo papá sarcástico a lo que respondí con una mueca molesta po