El sonido de la puerta abriéndose de golpe hizo que Svetlana saltara en la cama, su corazón dio un brinco dentro de su pecho. Apenas había logrado dormir un par de horas, sumida en pensamientos confusos y emociones que no lograba descifrar.
—¡De pie, niña! —La voz de Giulia resonó con autoridad, arrancándola del letargo.
Svetlana parpadeó, tratando de despejar la neblina del sueño. Frente a ella, Giulia la observaba con impaciencia, los brazos cruzados sobre el pecho y el ceño fruncido. Detrás d