Y mientras, en otro rincón de la ciudad, Lía y Jorge enfrentaban los rumores del pasado, en aquella cocina comenzaba una historia distinta... una que tal vez nadie había previsto: la del amor sereno de Ceida y Nicolás Cancino.
Jorge llevó a Lía hasta su casa después de que ella saliera de la cárcel. Durante el trayecto, ninguno de los dos pronunció una sola palabra; solo las miradas que se cruzaban, cargadas de deseo y recuerdos, hablaban por ellos. Cada silencio parecía revivir lo vivido, lo p