Capítulo 119: No lo voy a permitir.
Nicolás Cancino había vuelto. En su mirada no había furia desbordada, sino algo peor: una calma gélida, la antesala de la tormenta.
Betty y Dayana lo esperaban en la sala, fingiendo serenidad.
Ambas sabían que esa conversación era inevitable, aunque ninguna imaginaba el precio.
—Así que fueron ustedes —dijo él sin preámbulos, dejando caer sobre la mesa el expediente con el sello de la fiscalía—.
Qué curioso… las mismas manos que un día besé por amor y por sangre, hoy firmaron la ruina de Lía.
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