Pero lo que ninguna de las dos sabía era que, al otro lado del edificio, Jorge Cancino ya estaba dispuesto a mover cielo y tierra para liberar a Lía… incluso si eso significaba enfrentarse a toda su familia.
El edificio de la fiscalía hervía de murmullos.
Cámaras, periodistas, luces y micrófonos se agolpaban en la entrada, buscando una sola imagen: Lía Cancino, la mujer acusada de secuestrar a una niña.
Desde una camioneta negra estacionada al otro lado de la calle, Dayana observaba la escena co