Alexander condujo poco más de veinte minutos desde Mount Maunganui hasta Pyes Pa.
—Buenos días, señor —Lo saludó el guarda de seguridad en la entrada principal de la compañía de su familia. Alexander contestó con la misma cortesía— Lo siento mucho señor, su padre dio órdenes de no dejarlo entrar.
—¿Qué?
—Disculpe señor Alexander. Solo cumplo las ordenes de su padre.
—No puedo creerlo —Aquello debía ser una broma.
A la distancia Alexander miró a su hermano bajar de su auto e ingresar al edi