A la mañana siguiente, mientras Shiry estaba bajo el cuidado de su tía Elvia, Kairi fue interrumpida de su lectura por un llamado a la puerta, que abrió de inmediato, sorprendiéndose de hallar a un muy nervioso Tristan viéndose algo tímido mientras la miraba, derecho en sus dos pies sin ninguna ayuda, ya volviendo a pararse y caminar con normalidad.
—Disculpa que te moleste —habló vacilante—, pero unos comerciantes extranjeros me esperan a las afueras de la ciudad con una serie de… artilugios,