Silas camina alrededor del castillo, con el viento gélido contra su rostro. Se detiene y mira hacia el bosque negro. No escucha aullidos, y eso era lo que más lo ponía en alerta: el silencio absoluto de la naturaleza.
—Silas,— dijo Alistair sin girarse,— dobla la guardia en la cocina y los suministros de agua. Dorian sabe que no puede vencernos en combate abierto, usará el veneno de su nuevo amo.
Malakor que está escuchando asintió, apretando la empuñadura de su espada. —Dorian murió en ese arro