Con mucho cuidado, y conteniendo las lágrimas, la nana volvió a poner los resultados entre los otros, esperaría a que el médico los revisara, y que fuera él quién hablara con Ava.
Días después la chica apretaba sus manos con fuerza, estaba en la sala de espera del consultorio, estaba por saber si volvería a ver algún día, tenía una mezcla de emociones encontradas, tristeza y alegría.
—Tranquila mi niña, deja esos nervios que ya me los están contagiando.
—Nana, hoy el médico me dirá si tengo pro