Días después, al interior del Duomo di Milano se realizaba una ceremonia, una hermosa novia caminaba hacia el altar, ataviada con un hermoso vestido blanco, un largo y vaporoso velo de encaje cubría su rostro.
Frente al altar un guapo novio la esperaba, vestido con un elegante traje negro, lo que más llamaba la atención del novio era la enorme sonrisa que tenía en su rostro, irradiaba tanta felicidad que contagiaba a los presentes.
La marcha nupcial cesó, la novia llegó frente al altar, seguida