Mi Prometida Ciega
Mi Prometida Ciega
Por: Lea Faes
Huyendo

Un hombre se encontraba sentado en un sillón, dos chicas paradas frente a él, con movimientos suaves, acariciaban sus cuerpos, él tenía puesto un antifaz que ocultaba su rostro al igual que las dos chicas, sobre su regazo llamaba la atención un pequeño fuete.

Una de las chicas se acercó a él e intentó besarlo, el hombre la detuvo bruscamente, se levantó  de prisa, y sin poder ocultar su molestia, se alejó del lugar inmediatamente.

—Eres una tonta, ¿Qué has hecho? Te explique bien cómo serían las cosas.

—Lo siento, no pude evitarlo, me atrae demasiado, es un hombre realmente guapo.

—Toma tus cosas y vete, ya sabes que no puedes decir a nadie lo que aquí sucede, has firmado un acuerdo de confidencialidad y más vale que lo respetes.

La mujer salió de ahí tratando de contener las lágrimas que amenazaban con traicionarla, mientras tanto no muy lejos de ahí, una joven chica se sentía desesperada.

Ava corría de prisa, su corazón acelerado amenazaba con salirse de su pecho, corría en medio de una terrible oscuridad, aunque la oscuridad para ella no era nada nuevo.

Temía por su vida, por lo que tenía que alejarse lo más rápido posible, para una persona como ella, hacerlo era muy difícil, y más cuando tenía tiempo sin salir de la mansión familiar, estaba terriblemente asustada, los arbustos con los que se encontraba rasgaban su blanca y delicada piel.

En su mente solo había un pensamiento, escapar, de pronto escuchó el fuerte sonido de un claxon, después sintió que algo la golpeaba fuertemente,  enseguida la invadió la inconsciencia.

Cuando despertó, tuvo la impresión de que estaba en un lugar extraño, el aroma en el ambiente era diferente, desconocido para ella, se dio cuenta de que no estaba en la mansión de su familia, y daba gracias por que así fuera.

Suspiró profundamente para mantener la calma, pero el no saber dónde estaba la empezó a desesperar, intentó bajarse de la cama, en ese momento alguien la tomó suavemente por el brazo para detenerla, notó una deliciosa fragancia, se concentró en ese aroma, pero una ronca voz la volvió a la realidad.

—¡Espera! —Dijo con desesperación el hombre al pensar que la chica estaría aún débil y podría caer, él la sintió temblar.

—¿Dónde estoy? —preguntó completamente desconcertada.

—Has tenido un accidente.

El hombre notó que la chica mantenía fija la mirada en algún punto de la habitación, pasó su mano una y otra vez al frente de ella sin obtener respuesta, quizás era algún efecto secundario por el golpe del auto.

—Me llamo, Mateo Licciardi —se presentó con ella, pensaba que al saber su nombre tal vez se tranquilizaría — ¿Cómo te llamas?

—Ava Miller, ¿Quién me ha traído aquí? — Preguntó con desconfianza.

—¿En verdad no recuerdas lo sucedido?

—No, lo siento. —Contestó a punto del llanto.

—Venía de regreso a casa en mi auto, justo en el cruce del camino con la propiedad de los Miller, saliste corriendo hacia el auto, lo siento, frene de inmediato, pero aún así no logre evitar golpearte, quedaste inconsciente, así que  te traje a casa, eso fue hace dos días, hasta ahora despertaste, ya te ha revisado el médico, pronto te recuperarás completamente.

—Gracias, qué pena, no escuché su auto. —Se sorprendió al saber que había estado inconsciente durante dos días.

— No te preocupes, afortunadamente no pasó nada más, puedes quedarte aquí el tiempo que sea necesario hasta que te recuperes ¿Deseas que llame a algún familiar? —preguntó preocupado por aquella chica.

—No, por favor, no lo hagas, mi vida corre peligro, es mejor que no me localicen. — Ava se alteró terriblemente ante la idea de tener que regresar a la mansión Miller nuevamente.

—Tranquila, por ahora descansa, ya habrá tiempo para hablar sobre lo que te ha ocurrido, aquí estarás a salvo. —Sintió el instinto de proteger a aquella chica aunque era una completa desconocida, se sentía terriblemente culpable por atropellarla.

Mateo era un gran empresario italiano, heredero del imperio Licciardi, uno de los más poderosos de Italia, reconocido en varios países por sus empresas dedicadas a fabricar cruceros y yates de lujo, amaba los deportes extremos, eso les había ocasionado grandes dolores de cabeza a su abuelo y a su madre.

Su padre Alessio y su abuela Andrea Licciardi, murieron en un accidente aéreo, cuando Mateo tenía 10 años, Guido su abuelo y Aurora su madre, supieron sacar adelante las empresas que había fundado su padre.

Las empresas ahora estaban a cargo de Mateo, cuando cumplió 20 años las dejaron en su poder, era demasiada responsabilidad para alguien tan joven, pero después de todo para eso fue educado desde pequeño, por lo que poco después las posicionó como las mejores de Europa y sus productos adquirieron fama a nivel mundial.

Ava perdió a sus padres Franco y Alice Miller cuando tenía también 10 años de edad, ese fatídico día salieron de paseo como lo hacían cada mes, el auto en el que viajaban se quedó sin frenos, por lo que perecieron instantáneamente, fue un verdadero milagro que Ava lograra sobrevivir después de ese accidente.

Ava se llevó un fuerte golpe en la cabeza al girar el auto, por lo que días después empezó a perder la vista.

Los médicos que la revisaron dijeron que el golpe en su cabeza no había sido tan fuerte como para perder la visión, puesto que llevaba puesto el cinturón de seguridad.

Pensaban que podría ser producto del shock psicológico que sufrió al enterarse de la muerte de sus padres, pero necesitaban hacerle diversos estudios para saber la verdadera causa, mientras tanto solo eran especulaciones.

Quedó bajo la tutela de su único familiar, Teodoro Miller, primo de su padre, un hombre ambicioso y apostador que no se había casado debido a que amaba la soltería para poder así disfrutar de varias mujeres, evitando todo compromiso, el hombre se mudo a vivir a la mansión Miller, se negó a llevarla al médico, sabía que si recuperaba la vista, llegaría el día en que tendría que entregarle la herencia de su padre.

Ava fue la heredera universal de la fortuna de sus padres, fortuna que recibiría al cumplir los dieciocho años, los había cumplido una semana atrás, la chica no estaba enterada de la existencia de esa herencia, su tío no tenía la intención de cumplir la última voluntad de los padres de Ava.

El día que decidió escapar, lo escuchó hablar con su abogado en el despacho, estaban planeando su boda con la chica, el hombre la deseaba, no le había permitido salir de la mansión desde la muerte de sus padres, le decía que era por su seguridad, que podría lastimarse.

Su tío reía y contaba como esa noche al regresar de una cena, entraría a su habitación para hacerla suya, si iba a ser su esposa, no tenía por qué esperar más tiempo.

El abogado se reía al escucharlo, los dos hombres eran realmente perversos, a Ava no le quedó duda de ello.

Asustada, buscó de inmediato a su nana, sabía que era la única persona que podría ayudarla, estaba desesperada.

Esa noche, la nana se acercó a los guardias para distraerlos mientras ella escapaba, preparó deliciosos platillos para que cenarán, no sospecharon en lo absoluto, pues otras veces ya lo había hecho.

La nana dejó la reja del jardín abierta para que la chica saliera, sabía que era un gran riesgo que la chica caminara sola fuera de la mansión, pero si ella la acompañaba, los guardias se darían cuenta enseguida de que las dos no estaban.

Hizo lo posible por comportarse tranquila delante de los guardias, cuando se dieron cuenta de que la chica no estaba, ya habían pasado un par de horas, salieron apresurados a buscarla sin encontrarla.

Mateo regresaba a la mansión Licciardi, cuando la chica se atravesó en el camino y no pudo evitar golpearla, justo era ese camino el que dividía las dos propiedades, se llevó el susto de su vida al verla ahí tirada, después de revisarla, se dio cuenta de que aún respiraba, en el colegio militar había aprendido primeros auxilios, así que tomó las precauciones debidas antes de levantarla.

La llevó con él a su mansión, esperando que despertara pronto y así saber quién era, estuvo cuidándola por dos días, la chica no reaccionaba, cuando por fin despertó, pudo notar que era invidente, pues sus ojos no se posaban en él cuando le hablaba, se dio cuenta de su desesperación cuando él sugirió llamar a sus familiares, trató de tranquilizarla prometiendo mantenerla a salvo.

Era una joven muy hermosa, sus facciones perfectas,  angelicales, su piel era muy blanca, su pelo castaño,  largo, sus ojos eran de un color azul profundo, en ellos se reflejaba una mirada perdida, vacía, era terrible que una chica tan bella estuviera inmersa en una terrible oscuridad.

Se veía tan frágil, tan indefensa, de inmediato Mateo contrató una persona para que se hiciera cargo de ella, pensaba que necesitaba cuidados cuando menos hasta su recuperación, después ya vería que hacer, todo dependía de lo que le contara, y del motivo por el cual no quería que avisara a su familia lo sucedido.

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