Ava decidió seguirle el juego, no se dejaría intimidar por Mateo.
—Si quiere jugar, juguemos— se dijo a sí misma, también colocó su mano en la pierna de Mateo, la empezó a mover de igual manera, de arriba a abajo, lentamente hasta detenerse cerca de su entrepierna, Mateo retiró su mano, enseguida empezó a sudar copiosamente, había perdido el juego, pensaba en ponerla nerviosa, pero ahora el que estaba en líos era él.
El pobre sudaba copiosamente, Ava estaba disfrutando del momento que le estaba