Damián frunció el ceño, confundido. "¿Un regalo? ¿Qué regalo?"
Las miradas de todos se clavaron en mí con expectativa.
Entonces, con calma y sin perder la serenidad, saqué una caja cuidadosamente envuelta, que había guardado para ese momento. Se la tendí a Damián con una expresión serena, incluso sincera. "Es la reliquia de la Manada Luna Dorada", dije con voz firme. "Durante años pensé en entregársela a Toriel cuando llegara su momento, aunque hoy reniegue de mí, siempre será un hijo para mí. A