—Buenos días, Eleanor—, me saluda primero el Sr. Crawford. Es la primera vez desde que empecé a trabajar para él que me saluda primero.
—Buenos días, Sr. Crawford—.
—¿Te gustaron?—, pregunta, refiriéndose a las flores.
—Sí, me gustaron. Toda mi casa está llena de flores y tarjetas diciendo que lo sientes. Por supuesto que me gustan. No puedo creer que las hayas enviado y te hayas disculpado—.
—Me alegra oír eso. Ven—, dice, haciéndome un gesto para que me acerque al lado de su escritorio. Camin