Me preguntaba quién sería su padre. Laura parecía no tener muchos amigos y tampoco mantenía contacto con sus antiguos compañeros de clase. Por lo que recuerdo, casi nunca salía, excepto por sus visitas ocasionales a los Díaz.
El tono de notificación de mi teléfono interrumpió mis pensamientos. Era Laura, y tenía sentido —los Díaz probablemente estaban inquietos, ya que antes, cada vez que Laura visitaba su casa familiar, yo solía presentarme con regalos en menos de dos días. Esta vez habían pasa