—¿Qué pasa? ¿Tiene miedo? No se asuste. Jamás le haría daño. Como la tengo así de grande, me resultará fácil depositar mi semen en su útero para que quede embarazada cuanto antes —dijo Ryan para tranquilizarla.
Vanessa ya estaba excitada y no había vuelta atrás. Sin perder un segundo más, le pidió a Ryan que empezara. Ya eran las ocho y cuarto de la noche.
—Basta. Deja de hacerme esperar. Mételo de una vez —lo apremió Vanessa mientras se preparaba para sentirlo entrar.
—Como usted quiera. Abra u