A Ryan le dolían la cabeza y el estómago. Estaba mareado y con náuseas. Obligándose a seguir adelante, entró en la casa, débil y sin energías.
Samuel, uno de los integrantes del personal de servicio que solía encargarse del jardín, se preocupó al ver el estado de Ryan. Estaba pálido, débil y cansado. Era muy distinto del Ryan fuerte y resistente que Samuel conocía.
—¿Dónde estabas, Ry? ¿Por qué te ves tan débil? —La pregunta de Samuel tomó a Ryan por sorpresa y lo hizo girarse.
—¡Ah, Samuel! Aca