Richard entró en pánico. Su esposa lo había encarado con aquella acusación. Aunque era cierta, no quería que Vanessa pidiera el divorcio. Aún la necesitaba para conservar su puesto en la empresa de Andrew. Eso significaba que debía tener mucho más cuidado con lo que decía y hacía.
Se acercó a su esposa e intentó aplacar su enojo con palabras dulces.
—Cariño, no quise decir eso. ¡S-solo quiero que te veas aún más hermosa para que me excites todavía más! —dijo Richard, tratando de salir del apuro