Richard se tocó el cuello. Entonces recordó que, en efecto, Audrey había pasado un buen rato besándolo ahí.
—Espera, ¿en serio? —Richard entró en pánico.
Ryan tenía razón. Vanessa se pondría furiosa si veía la marca en el cuello de su esposo. No podía permitirse perder aún más su confianza. Sobre todo cuando Vanessa era la única persona que podía protegerlo de la amenaza de Andrew.
—Debería taparse ese chupetón con una curita, señor Johnson. Carajo, está enorme. Esa mujer debe tener tremenda boc