Afuera, la lluvia seguía cayendo, ajena al amorío prohibido de Vanessa y Ryan. La habitación de Ryan, apenas iluminada, ocultaba el pecado más dulce que cometían juntos. Se daban un placer que iba más allá de lo físico, aferrados a algo que parecía amor en medio de todo aquel deseo y aquella pasión.
Vanessa había olvidado que era una mujer casada. Ya no le importaba. Su confianza en Richard se hizo pedazos cuando lo vio besando a otra mujer.
Vanessa tiraba desesperadamente con ambas manos de la