Ryan observaba cómo la esposa de su jefe disfrutaba de su firme erección. Solo jugueteaba con los dedos, pero esta vez Vanessa se dio cuenta de que se había vuelto adicta a la virilidad del sirviente.
Ryan sonrió al bajar la mirada. La mujer no hacía más que acariciar y sostener un miembro mucho más grande que el de la mayoría de los hombres. No se parecía en nada al de su esposo, Richard. El del sirviente era más grande, más duro y mucho más imponente.
—¿Le gusta, señora Johnson? —La pregunta r