Ryan se rascó la cabeza y se rio. Andrew jamás se atrevería a hacerle algo así. Si llegaba a enterarse, probablemente le daría un infarto. Su adorada hija había quedado embarazada de su peor enemigo.
—Está bien. ¿Dónde te estás quedando ahora? Iré a verte allí más tarde —dijo Samuel.
—¿Qué pasará con mis hijos, señor? Por fin son felices viviendo con su padre. Si los dejo, volverán a estar tristes. Y el señor Johnson tampoco permitiría que se quedaran en su casa —respondió Ryan.
—Tienen a su abu