Ben quedó jadeando. Ryan lo había sujetado con una fuerza increíble. Estuvo a punto de exhalar su último aliento.
—¡Carajo, jefe! ¡Siento que se me va a partir el cuello! —se quejó Ben mientras respiraba con dificultad.
—Si no tienes nada importante que decir, vete. No te preocupes por mí. Me duele la cabeza y quiero estar solo —dijo Ryan.
Pero Ben se negó a irse sin antes asegurarse de que su jefe estuviera bien.
—Perdón. No quise ofenderlo antes. Solo me preocupa cómo se encuentra. Lo que dijo