Bastaba el olor de Vanessa para calmar a Ryan y hacer que se le pasaran las náuseas. Era extraño, pero cierto. Vanessa también parecía estar a gusto solo cuando estaba cerca de él.
Cuando se le pasaron las náuseas, Ryan la soltó y se sintió incómodo.
—Eh, perdón. No intentaba nada raro hace un momento. Tenía muchas náuseas y entonces apareciste tú. Supongo que el olor de tus axilas es mucho más apetitoso que el de esas donas. ¡Maldita sea!
Vanessa rio.
—Ay, Ryan. ¿Unas cuantas donas te hicieron