Los dientes se han incrustado en mi pierna, y siento la laceración de sus colmillos como una tortura. Está disfrutando con ésto, puedo leerlo en su mirada, y por más que intento defenderme, las heridas y la pérdida de sangre comienzan a pasarme factura.
Gritó cuando vuelve a retorcer los dientes dentro de mi maltrecha pierna, y de pronto, como si el sonido de mi aullido lo hubiera alertado, se desvanece. Abro los ojos para ver que es lo que está preparando, que sádica tortura me espera ahora, y