La casa de Magentha en todos los sentidos era humilde y hermosa, forrada en madera roble, con dos ventanas sin barrotes con marco blanco, la puerta a un costado con un adicional con solo una red para mosquitos, rústica y perfecta, no era más grande que tres habitaciones normales en una. El ambiente a su alrededor era silencioso y tranquilo, pues era una de las pocas casas que se mantenían alejadas del centro. Magentha con naturalidad se agachó para tomar una de