—No tienes que pedirme disculpas, Rachel —dijo Patrick con un suave tono de voz, muy diferente al que estaba acostumbrado a utilizar, especialmente con el sexo femenino —No has hecho nada incorrecto, ¿Por qué pides disculpas?
Por supuesto que no se había fijado que ella se había quedado congelada por que él le había tomado de la mano, ese gesto la dejó bastante sorprendida, pero no por el gesto en sí, sino por todo lo que le hacía sentir. Esa extraña sensación de ardor en su pecho que no había