Sin embargo no pudo evitar la tentación de tocar sus pechos suavemente, la sensación era divina, y mucho más intensa era si se imaginaba que las manos no eran suyas sino las de Patrick, el sólo pensamiento la hizo arquearse de placer y sintió una especie de calambre en su intimidad que la asustó porque nunca había sentido algo como eso.
No había sido un orgasmo, sino más bien una espasmo placentero que la hizo dar un pequeño brinco en el jacuzzi. Decidió que lo mejor era salir de allí e ir a su