Después de calmar a todos Rachel les pidió que la escucharan, ahora todos estaban sentados en la mesa del comedor, el abuelo fumaba su pipa y la miraba casi sin pestañear, la abuela también la miraba, pero al contrario del abuelo sus ojos parpadeaban rápidamente mientras unas lágrimas mojaban sus suaves y arrugadas mejillas. Y Ercik también la miraba pero con una expresión de desconcierto, y con la boca medio abierta que no conseguía volver a cerrar por completo.
—¿Y bien? —comenzó diciendo el