Regina
—Tráeme una píldora para este dolor de cabeza —le pido a mi asistente.
—Como ordene señora Mars.
La chica sale corriendo de mi oficina y cierra la puerta de un azote. Vuelvo a presionar los dedos contra mis sienes, siento que la cabeza me va a explotar. Ese muchachito de James King va a acabar con mi paciencia.
No entiendo por qué le cuesta tanto darme el nieto que le pido. Estoy segura de que se debe a la odiosa de su noviecita, la bailarina, Gabriela.
Ya me he enterado que se fue, siem