Capítulo 48. Cuando una mamá y un papá se emborrachan y nadan en una piscina de cheetos.
Dalila.
La siguiente vez que estuve consciente pude abrir mis ojos. Por el sonido de los pájaros, sería temprano por la mañana. Una mano descansaba firmemente sobre la mía: Mi madre.
El pequeño Gabe se encontraba acurrucado en mi costado. Era agradable; traté de llamar la atención de mi madre sin despertar a mi hermanito.
-Mamá, mamá…
Mi madre despertó lentamente y me miró con una sonrisa acuosa. Sus ojos comenzaron a lagrimear.
-Mi bebé. - Dijo y apretó mi mano antes de inclinarse y llorar un