Punto de vista de Dona
Para cuando entré en el campus, los cuchicheos ya habían empezado. Podía sentir cómo me rozaban los oídos, flotando justo fuera de mi alcance, pero lo suficientemente claros como para saber de qué se trataba: de que habíamos llegado juntas.
Lo odiaba.
—¡Donaaa! —se oyó una voz femenina a mis espaldas. Me di la vuelta y vi a una chica llamada Kimberly. Apareció justo delante de mí, demasiado cerca, agarrando su carpeta como si no pudiera esperar a soltar alguna tontería.