Capítulo 39. Una Confesión

El resto del día, Norah comió bien, su apetito se abrió a los manjares de la cocina de la mansión. Nina le traía también postres y más comida para satisfacer su hambre. Se veía con mejor ánimo y más energía.

―Ya está todo preparado para el viaje, milady.

―Gracias, Nina. ―terminó de reescribir la carta a su madre― ¿puedes hacer que envíen esta carta a mi madre?

―Claro que sí, milady. ―Nina tomó la carta y se movió deprisa para entregarla a los mensajeros.

Ya se habían dado instrucciones para hacer el encargo lo más rápido que se pudiera.

Norah sonrió. Por alguna razón, se sentía contenta, aunque aún seguía atrapada en ese lugar, sentía que el hombre era confiable, sincero.

Sonrió y respiró el suave aroma del jardín.

****

Mientras tanto, del otro lado de la mansión, en la alcoba de una joven rubia de ojos esmeralda, Gina se debatía en llanto. Sus doncellas habían sido expulsadas sin piedad de la mansión, ahora solo dos ch

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