Justo en ese momento, el teléfono en la palma de Alejandro vibró, mostrando un número desconocido. Recordó que hoy, cuando permitió que César se comunicara con Aurora en privado, por si acaso, le había dado su número de teléfono personal.
En su teléfono, nunca recibía llamadas de números desconocidos. La única posibilidad era que fuera Aurora. La sensación de inquietud en el corazón de Alejandro aumentó, y de inmediato respondió.
—¡Alejandro! ¡Ayuda por favor a Clara, hazlo por nosotros!
Con un