En ese momento, César, al enterarse de la molesta situación, corrió apresuradamente desde la sala de reuniones y los detuvo una vez más.
—Señor Pérez, le damos la bienvenida, pero ¿no es inapropiado que lastime a las personas de nuestra Corporación Hernández tanto moral como éticamente? —dijo César con una expresión bastante seria.
—¿Debería llamar a Alejandro para que salga, o de lo contrario entrare yo? —Diego respondió como si no hubiera escuchado a su pregunta.
Una ira ardiente surgió en el