—¡Rodrigo!
Cuando Rodrigo regresó a casa, Noa corrió hacia él y se abalanzó sobre él, con gran fuerza envolviéndolo con sus brazos y piernas.
—Di esposo— Rodrigo corrigió suavemente.
—Esposo— Noa respondió obedientemente, con las mejillas muy sonrojadas.
—Bueno, ven aquí para darte un gran beso.
Rodrigo sostuvo con gran ternura, sus redondas caderas con sus grandes manos y besó sus labios suaves, llenos de pasión.
Pasaron un largo tiempo jugueteando en el sofá de la sala de estar antes de que Ro