Se encontraron los ojos ardientes de Alejandro y Clara, sus corazones latían con gran rapidez.
Ella notó claramente la vulnerabilidad en su mirada, así como la pasión descontrolada que intentaba contener.
Esos ojos, hace dos años, en esa noche cuando él la hizo suya durante horas, eran igual de cautivadores y la mantenían atrapada.
—Alejandro, primero cálmate, ¡suéltame! — las palabras de Clara se perdieron en el beso feroz y apasionado del hombre.
Sus labios ardientes, provocativos y húmedos