Capítulo84
Él bajó su mirada y no pudo evitar murmurar. El nombre de Alejandro apareció en la pantalla.

— Señor Hernández. — Diego contestó la llamada con el rostro frío.

Javier frunció el ceño con fuerza. Su espalda se separó del respaldo de la silla y se inclinó para escuchar atentamente.

— Señor Pérez, ¿puedo hablar con Irene? Tengo algo importante que decirle. — La voz de Alejandro era baja y grave, con un toque de ansiedad.

— Irene no está libre ahora.

— ¿Cuándo estará disponible entonces?

— Para tí,
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