El chofer murió en el acto, y el guardaespaldas que iba en el asiento delantero estaba siendo atendido, aunque sus posibilidades de sobrevivir eran muy escasas. Eduardo, quien estaba en el asiento trasero, a pesar de sufrir heridas graves en el rostro y una cabeza ensangrentada debido a los cristales rotos, al menos logró salvar su vida. Sin embargo, había perdido sus piernas para siempre debido a las graves fracturas óseas.
Simón consultó a más eminentes cirujanos de todo el país, pero ninguno