Clara recordó a Rodrigo y Noa entrelazando sus dedos, con felicidad reflejada en sus ojos. Se sintió conmovida y la verdad muy envidiosa.
Noa ya había encontrado el puerto de la felicidad.
¿Pero dónde estaba la suya?
—Clara, usted también ha sido muy buena con Noa, así que, de cualquier manera, la ayudaré—dijo Aurora.
Clara agarró la mano de la joven con fuerza y gran ternura. —Aurora, gracias. Pero debes cuidarte y no te esfuerces. Si te encuentras en peligro, ponte en contacto conmigo de inmed