Clara, con la mente perturbada, condujo a toda velocidad de regreso a su mansión en México. Originalmente iba para tratar asuntos con Ema, pero en el camino de regreso, todo lo que en realidad ocupaba su mente, eran las imágenes de Alejandro presionándola contra la pared.
La mirada ardiente y apasionada de ese hombre la observaba fijamente, y su propio reflejo en sus ojos almendrados, parecía oscuro y melancólico. Había rabia, impotencia y desorden en su hermosa expresión, y no podía quitársela