—Ponte la ropa—las venas en la parte posterior de la mano de Alejandro, apretando el puño, parecían a punto de estallar, sus anchos hombros temblaban de ira, e impotencia.
En esta situación, él no podía explicar nada, solo podía irse de inmediato.
—¡Voy a llamar a tu hermano mayor para que venga y te lleve de regreso! —dijo sin siquiera mirar hacia atrás mientras se preparaba para irse.
—Hermano Alejandro, no... ¡no te vayas! —Jimena se lanzó hacia él con gran rapidez, abrazándolo fuertemente de