—Noa?! ¡Tú también estás aquí!
Clara apretó la tierna y suave carita de Noa, tan feliz que sus ojos casi se desbordan de alegría.
Noa, avergonzada, mordió sus labios de cereza y abrazó con gran fuerza su osito de peluche, luciendo adorable. —Cuñada, te extrañé. Y a Javier también, así que vine.
Alejandro escuchó esto y curvó ligeramente sus labios.
Clara, al escuchar a Noa llamándola cuñada frente a tantas personas, se sintió incómoda. Pero al verla en esta situación, abrazando el oso que le hab